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EFEMÉRIDES BICENTENARIAS SIN MOTIVO

Posted in Actualidad, Balances with tags , , , , on julio 19, 2010 by Bárbara Morales

Se ha planteado para estos años y para estas fechas la celebración del bicentenario de la independencia. Llama entonces la atención que no haya ni siquiera claridad en el motivo de celebración del 20 de julio, lo cual refleja el desconocimiento de nuestra propia historia como país y de la historia de nuestros pueblos en América Latina.

Esto se refleja en el desconocimiento de los hechos mismos que sucedieron en Bogotá el 20 de julio de 1810. Comencemos por ese punto: Es la celebración de la junta de Bogotá, que declaró la independencia del “Estado de Cundinamarca”, en una fecha que no coincide ni siquiera con las de las juntas que se hicieron en la misma época en otras poblaciones de la actual Colombia y en otros lugares de la actual América Latina.

Se desconoce allí el papel y los intereses de las personas que encabezaron estos procesos que luego hicieron necesarias las campañas de Miranda y de Bolívar algunos años después (al menos para el caso de Colombia) y las circunstancias de este territorio y sus habitantes en ese momento histórico, como las dificultades de articulación de las diferentes juntas de gobierno, las diferentes corrientes en el pensamiento de las élites criollas que les hicieron difícil consolidar un acuerdo importante para gobernar, incluso hasta el punto de enfrentarlas en una primera guerra interna.

Sin embargo, hay otro desconocimiento que es más complicado: El del proceso histórico general que sucedía alrededor de estos hechos y que los hizo posibles. No hay entre nosotros una comprensión plena de la evolución del siglo dieciocho en el cual se consolidó el autonomismo estadounidense, la ilustración (con las ideas que también lograron cierto impacto en España y en América Latina), la revolución francesa y el napoleonismo paneuropeo (que desestabilizó la situación de España y llevo a las élites en América a tomar decisiones al respecto), la herencia burocrática de la administración hispánica de este continente, el lugar social de las élites criollas, los antecedentes de grupos revolucionarios autonomistas como los Comuneros de distintos países (porque hubo varios en todos estos países y varios en el actual territorio colombiano) o el interés tras la expansión marítima del imperio británico.

Tampoco hay una comprensión plena de los procesos que sucedieron una vez consolidada la separación de las repúblicas latinoamericanas a lo largo del siglo diecinueve: La conformación institucional y territorial de los países actuales, su relación con la consolidación de las potencias –especialmente con la del dominio marítimo de la Gran Bretaña-, la ruptura definitiva con instituciones como la esclavitud, la tensión entre los intereses conservacionistas y los intereses modernizadores en todos los planos (como se muestra en la obra de pensadores de nuestra situación nacional y continental como Rafael Uribe Uribe y Andrés Bello) o el orden creado por las élites criollas que rápidamente las consolidó como oligarquías que excluían a gran parte de su población gobernada (como tempranamente ya lo señalaba otro pensador de nuestra situación continental: José Martí).

No se trata entonces de recuperar únicamente una historia y una enseñanza de la misma centrada en anécdotas separadas en unas fechas específicas (recibí buena parte de mi propia enseñanza de la historia en la primaria y en la secundaria con ese modelo y conozco bien sus ventajas y sus enormes limitaciones). Se trata de aproximarse a la comprensión de nuestra historia entendiendo su proceso, es decir, la forma como unos hechos, unas formas de vida y unas ideas contribuyeron al cambio de una situación a otra en un momento posterior. Me uno entonces a una interesante tesis planteada por el profesor Fernando Larreamendy, actualmente vinculado a la Universidad de Los Andes en Bogotá: Es posible que esta falta de comprensión de nuestros procesos históricos tenga una contribución importante en los errores que, como nación, seguimos cometiendo con tanta frecuencia. Y esto sigue sucediendo a pesar de “disfrutar de nuestra libertad” hace ya 200 años.

Nicolás Arias Velandia

orwelliano@hotmail.com

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